Javerim Javerot

VAIKRÁ (LEVÍTICO) 9:1 – 11:47

En estos tiempos donde todo gira alrededor del COVID-19, vemos noticias, documentales, acusaciones, etc., pero algo que me ha llamado la atención sobre esta pandemia es que las investigaciones apuntan a que el inicio del virus se dio en el mercado de mariscos de Wuhan, en China. Este mercado estaba infestado de toda clase de animales vivos para el consumo, y como se encontraban aves, también se encontraban perros, serpientes, erizos, cerdos, y hasta murciélagos que hacen parte de la dieta de los residentes en esta nación. Pero esto no solo sucede en China, sino en todo el planeta.

La Parashá de esta semana (Sheminí) nos trae un capítulo entero que trata sobre la dieta que el ser humano debe consumir.

Si bien la Torah narra que nuestros padres Adán y Java solo se alimentaron de los frutos de la tierra: “Y Adonai Di-s plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado. Y Adonai Di-s hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer…”, solo después del diluvio, cuando toda la vegetación y la sementera había desaparecido, El Eterno le permitió a Noé que comiera carne animal, sin embargo, se le dieron instrucciones de la forma que debería ser comido y se le prohibió que comiera la sangre de estos.

Aunque la ordenanza que El Eterno en cuanto a lo que podemos comer entra en el ámbito de lo incomprensible (Jukin), veremos más adelante que todo tiene un propósito.

Pero debido a nuestro endurecimiento del corazón nos hemos desviado de sus mandamientos y hemos transgredido su Torah, y las consecuencias no tardan en aparecer.

En estos momentos la humanidad se pregunta, ¿por qué Di-s permite estas cosas? ¿Por qué tantos muertos? Solo se quejan delante del Eterno como si este (el cielo no lo permita) fuera el culpable de todo lo que pasa.

Nada más alejado de la realidad. El Eterno nos dio mandamientos y normas de vida, y Él permite que pasen todas estas cosas para que nos volvamos a su camino con un corazón sincero. Pero desafortunadamente el hombre seguirá por su senda, seguramente descubrirán la vacuna para el COVID–19, quizás todo vuelva a la normalidad, pero no se le dará el honor a Di-s por todo lo sucedido.

Los sabios antiguos relacionaron la comida con la santidad y la conexión con El Eterno, si el hombre comía lo permitido, podía tener una relación más cercana con Di-s, y eso creemos hasta el día de hoy. Pero investigaciones científicas demuestran cada día, sin saberlo, que lo que El Santo Bendito Es ordenó es lo mejor para nosotros. Se sabe que comer cerdo, murciélago, serpientes y todo lo prohibido por la Torah trae toda clase de enfermedades, entre ellas el cáncer, reumatismo, etc., y fue el causal del famoso COVID-19.

Para terminar, los invito a volver los ojos a nuestro Di-s y seguir sus instrucciones, pues está escrito “Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino” Samos 119:105.

¡Shabat Shalom!

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