Javerim Javerot

El Ángel de la Misericordia

Esta escrito: “Todo hombre es conducido en la senda que él desea ir”, y este fue el caso de Bilam.

Hashem sabia -porque Él conoce todos los pensamientos y los deseos del corazón- que Bilam, al emprender camino hacia donde se iba a encontrar con Balak, no lo hacía precisamente para seguir las instrucciones del Eterno y decir únicamente lo que El le permitiera. Bilam quería cumplir con su “propósito” de maldecir al pueblo de Israel.

En el camino, Bilam se encontró con el Ángel de la Misericordia, el cual tenía una espada en su mano para intentar detenerlo. Pero, ¿por qué ese ángel de la misericordia tenía una espada en la mano, para lastimar a Bilam o a su asna? Explican nuestros sabios que, cuando una persona esta intentando hacer misericordia a otra persona, cuando esta intentando detenerla de hacer algo malo, puede parecer a sus ojos algo terrible, puede que la persona afectada se sienta agredida o intimidada. Bilam, con temor, se encontró frente al Ángel, quien lo quiso detener de su propia maldad recordándole que solo podía decir lo que Hashem le aprobara.

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El midrash nos cuenta que “Bilam paso por encima de la antigua pila de piedras que había erigido su antepasado Labán junto con Iaacob para seguir cada uno su propio camino y como un juramento de no dañarse el uno al otro. El padre de Bilam le había advertido que debía respetar ese pacto. Cuando él pasó ese montículo, estaba en camino de violar ese antiguo acuerdo”. “Viendo (el Ángel de la Misericordia) que él había firmemente escogido el camino hacia su propia caída, Hashem no lo detuvo más”.

Realmente Bilam había traspasado esos límites; estaba cegado por su propio odio y nada le importo. La persona que quiere ir en su propia maldad, que se deja llevar por sus deseos egoístas, no se va a detener nunca, ni por más que se le aparezca el Ángel de la Misericordia a advertirle. Hashem no quiere ni siquiera que un malvado se pierda. La persona que no quiere ver, no va a ver jamás. Porque, el que quiere ser ciego, va a estar en ese estado siempre. Esa persona solo va a ver lo que quiere y le conviene.  

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En Santiago 1:13-15 está escrito: “Que nadie tentado diga: Es Di-s quien me tienta. Porque a Di-s no lo puede tentar el mal, ni tampoco tienta Él a nadie. Todo lo contrario, cada persona es tentada cuando sus propios malos deseos le arrastran y seducen. Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que se ha consumado, da a luz la muerte”.

¡Recuerda! Hashem a diario nos manda muchas señales o envía personas mensajeras para evitar que nos equivoquemos, para que tomemos mejores decisiones y llevarnos a seguir por camino recto. Lo ocurrido con Bilam es una gran enseñanza para la vida, para aprender a ser obedientes. Debemos abrir nuestros ojos físicos y espirituales, y así poder ver los mensajes del cielo.

¡Shabat Shalom!

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