Javerim Javerot

El misterio de las galletas

Creo que a la gran mayoría de personas muchas veces les ha pasado que, por ser apresurada, opina sin un hecho verídico y tiende a juzgar rápidamente al prójimo.

Para ilustrar esta acción, voy a contar una historia que leí hace poco del Rabino Salo Michán M., sobre Cuida Tú Habla.

El misterio de las galletas.

Hace poco más de 20 años los alumnos de una Yeshibá regresaron del recreo a la clase.

¡Grande fue la impresión de un alumno cuando vio que la bolsa de galletas que dejó en su escritorio había desaparecido!

Él sabía que solamente uno de sus compañeros se había quedado en el salón a la hora del recreo. Cuando le preguntó por ellas, el otro negó saber dónde estaban, ni lo que habría pasado con ellas.

—¡Estaban en mi escritorio cuando salí del salón al recreo! ¡Y tú aceptaste que nadie entró al salón mientras estabas aquí estudiando! ¿Y te atreves a decir que no sabes dónde están? Yo te diré dónde están: ¡en tu barriga! ¡Tú te las comiste!

Cuando entró su Rabino a la clase, corrió el alumno enojado y le dijo:

—¡El robó mis galletas!

Este misterio se resolvió cuando, unos minutos después, entró otro de los rabinos de la Yeshibá a ese salón y dijo:

—No van a creer lo que vi hace unos minutos. Estaba pasando junto a este salón y vi a una ardilla caminado por la orilla de la ventana. De repente entró al salón y saltando de escritorio en escritorio llegó hasta este —dijo señalando el escritorio del alumno enojado—, ¡y sacó de debajo una bolsa de galletas! ¡Me quedé impresionado del sentido del olfato de las ardillas! Supo exactamente en qué escritorio estaba la comida. Y luego salió otra vez por la ventana con su bolsita de galletas en los dientes.

Obviamente, el dueño de las galletas se disculpó con el compañero, que, por estar sumergido en su estudio, ni siquiera se dio cuenta del episodio de la ardilla y las galletas.

¡Tenemos en la Torá una mitzvá de juzgar al compañero para bien! De aquí aprendemos a dar el beneficio de la duda.

En este caso, por decir: “Él robó mis galletas”, fue culpable de Lashón Hará y de no haber dado el beneficio de la duda a su compañero.

Rabino Salo Michán M.

Interesante historia. En la carta a los Creyentes de Italia (Romanos) 14:13 está escrito: “Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, al contrario, tomad como norma de vida, no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano”.

Los sabios de nuestro pueblo dicen que, si se juzga al prójimo, eso recae sobre la persona que habló mal.

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Así que mi invitación hoy es ser muy prudentes, cuidadosos y guardar la lengua. No hablar lo que no se sabe, no acusar al prójimo, no difamarlo, para así evitar caer en este grave error.

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¡Shalom Ubrajot!

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