Javerim Javerot

BEMIDBAR (NÚMEROS) 25:10 – 30:1

“Que el Señor, fuente del aliento de toda carne, designe a alguien sobre la comunidad (…)”

Bemidbar 27:16

Estas fueron las palabras que profirió Moshé cuando el Eterno le confirmó que no podría ingresar al pueblo de Israel a la Tierra Prometida. Allí Moshé hace una petición muy sabia al Eterno, ya que si el mismo no podía terminar la misión encomendada era perentorio tener a un sucesor.

Muchas cosas podemos aprender de esta cita; nos encontramos con El Rey Supremo, informándole a su siervo fiel que no podrá terminar la misión y este a su vez, con el amor que le tiene a su pueblo, decide que no es él quien debe buscar a un sucesor, sino que es el Eterno quien debe escogerlo. La primera lección que aprendemos, es que no importa cuál sea la decisión que debamos tomar en nuestra vida, siempre debemos consultar a quien no se equivoca, a quien conoce nuestro pensamiento y nuestro corazón. En nuestras sagradas escrituras se nos narra cuando el profeta Shmuel fue a casa de Ishaí para escoger al sucesor del rey Shaul, sus ojos vieron hombres valiosos, guerreros, valientes, pero el Eterno tenía otros planes y escogió a David para dirigir los caminos de su amado pueblo. Y David, con sus fortalezas y debilidades, logró cumplir con los propósitos para los cuales fue asignado; se dice en nuestros escritos que fue el hombre conforme al corazón de Di-s.

Volviendo a Moshé, siempre tuvo a alguien que lo acompañó en todo momento, podríamos pensar que era alguno de sus hijos, o algún familiar cercano, pero no, el Eterno estaba pensando desde el principio en quién lo sucedería, y este era Iehoshua (Josué). En la Torah vemos a Iehoshua en los momentos más importantes de Moshé y de Israel; por ejemplo cuando salieron de Egipto y se enfrentaron a Amalec, Iehoshua estuvo en el frente de batalla, era el apoyo militar de Moshé (Éxodo 17:9-14). También lo encontramos cuando Moshé subió a la montaña para recibir la Torah del Eterno, quien lo acompañó y estuvo los cuarenta días y cuarenta noches al pie del monte fue Iehoshua (Éxodo 24:13). Dice la Torah que el joven Iehoshua, servidor de Moshé, nunca se apartaba de en medio de la tienda de reunión, aun cuando este sitio estaba reservado para los levitas (Éxodo 33:11), fue Iehoshua junto con Kalev quienes después de reconocer la tierra de Israel en el caso de los espías dieron buen informe y animaron al pueblo a obedecer y tener fe en el Eterno (Éxodo 14:6 – 38), y fueron Iehoshua y Kalev quienes pudieron ingresar a la Tierra Prometida, los únicos de la generación que salió de Egipto que pudieron tener este privilegio. No podía ser otra persona la sucesora de Moshé, pues no era solo llevar a un pueblo a una batalla militar y conquistar la tierra, era continuar un legado, un sueño, un propósito con el cual Moshé estuvo luchando durante sus últimos cuarenta años de vida. Y esta es la función del que delega y del delegado. El que delega debe conocer a su sucesor, para que los objetivos no se pierdan en el camino, y el delegado debe entender que no puede marchar bajo sus propios gustos; debe tener su propio criterio, pero debe terminar la tarea que le fue delegada. Debe ser una persona valiente, que pueda asumir la carga de toda una comunidad, de superar con la ayuda del Eterno, todas las pruebas y tropiezos que esto pueda conducir. Y, sobre todo, el delegado debe ser fiel y leal a quien lo delegó.

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El rabino Rubén dijo:

<<“Todo el cuerpo sigue la cabeza, y cuando el pastor se extravía, las ovejas se extravían tras él, como se dice: “Por los pecados de Jeroboam que pecó, y con los cuales hizo pecar a Israel” (1 Reyes 15:30). Cuando el pastor es bueno, todos lo siguen. Moisés comenzó a cantar y a alabar ante el Santo, bendito sea Él, y todo Israel lo siguió, como se dice: “Entonces cantaron Moisés y los hijos de Israel” (Ex. 15: 1). Miriam comenzó a cantar y a alabar, antes del Santo, bendito sea Él, y todas las mujeres la siguieron, como se dice: “Y Miriam la profetisa, la hermana de Aarón, tomó un timbrel… y todas las mujeres fueron fuera de ella”>> (Ex. 15:20)

Pirkei DeRabbi Eliezer 42:11

Ahora, el Mesías de Israel delegó primeramente en sus discípulos el llevar las palabras del reino a las naciones y estos a su vez delegaron en otros hasta nuestros días. Quiera el Eterno que no seamos inferiores a responsabilidad delegada por nuestro Padre Celestial y por su Mesías en este propósito para la redención.

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¡Shabat Shalom!

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