Javerim Javerot

La Sucá más bella

Por estos días en el Pueblo de Israel estamos recordando y cumpliendo un bello mandato del Creador. Todo esto después de otras fiestas que el Eterno nos ordena guardar de manera obligatoria y cíclicamente con el trascurrir de cada año.

Acabamos de pasar Iom Teruah y su aviso con trompetas de que viene un año civil con todas las bendiciones que el Padre tiene a bien darnos. Después, sellamos ese compromiso en Iom Kippur, donde perdonamos y nos perdonan nuestras fallas y, aún más importante, esperamos que el Eterno no tenga en cuenta los convenios que hemos hecho y que por uno u otro motivo no le hemos cumplido.

Y al final, con gran alegría, llegamos a Sucot; el festival de las cabañas. Y en esta fiesta se nos ordena que habitemos en chozas durante 7 días, y que invitemos a amigos a comer ahí, o nosotros dormir en ella, como recordatorio de que así vivió el pueblo durante la travesía del desierto.

Sucot es un festival de peregrinaje, es decir que se debía subir a Jerusalén, donde estaba el Sagrado Templo. En la actualidad no todo el mundo va, pero en todo el mundo se celebra y con mucha fe. Porque habitar en una cabaña en esta época donde tenemos la posibilidad de tener techo y comodidades, es un acto verdadero de fe. Fe en que Hashem nos guarda, que Él en todo lo que hacemos y en todo lo que nos rodea; que tiene el control de todas las situaciones de nuestra vida.

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Pero en Sucot también ocurrió un hecho muy importante, un hecho que marcó a la humanidad: nació el judío más famoso de toda la historia; nuestro amado Rabino Ieshúa de Nazareth.

Su familia se movió por fe –y también por obediencia a los mandatos romanos de la época- a pesar de que Myriam se encontraba en embarazo y Ioseph tenía que dejar su negocio. Pero por esa fe inquebrantable que tiene todo judío en el Creador, ellos se movieron hasta Belén por la festividad -y el censo-. El pueblo estaba lleno de gente y esa misma casualidad dio para que una Sucá estuviera lista. Una cabaña que fue construida con mucho amor y reverencia fue cedida a los viajeros para que en ella naciera el hombre que, como instrumento redentor de Dios, nos enseñó que es posible llenarse de amor y reverencia por los mandatos del Eterno y por el prójimo como a uno mismo.

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Sucot no es Navidad, aunque en Navidad dicen que nació el maestro. Una Sucá no es un pesebre, aunque esa idea tan bonita de humildad nos conmueva el corazón. Sucot es el tiempo de entender que Hashem actúa en las cosas más sencillas y se puede manifestar donde menos lo esperamos y en cosas simples podemos encontrar la luz para alumbrar al mundo.

Empecemos a brillar a partir de esta bella época, paremos un momento y miremos nuestra Sucá y recordemos que, de una muy similar, brotó la posibilidad de que hagamos un mundo mejor y que la justicia perfecta del cielo llene con su amor a este mundo que tanto lo necesita.

¡Jag Sucot Sameaj!

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