Javerim Javerot

¿Qué imagen tienes de ti mismo?

En la parashá de esta semana se relata el episodio en el que Moshé envía doce espías a la Tierra de Israel -en ese momento Canaán- para que la exploraran. Al regresar, los espías dieron un informe desfavorable de la Tierra. Cuando hablaron sobre los habitantes de la Tierra, dijeron que estaba llena de gigantes y agregaron: “… ¡éramos como insectos a nuestros ojos, y así mismo éramos como insectos a sus ojos!”. (Números 13:33)

Éramos como insectos a nuestros ojos. La Torá nos muestra que los mismos espías no se sentían lo suficientemente capaces como para hacer frente a los habitantes de Canaán. Pero no solo eso, también nos muestra que, así como ellos se autopercibían, pensaban que los percibían los demás.

¿Por qué la Torá enfatiza en que eran como insectos primero ante sus ojos y luego ante los demás? Los sabios enseñan que, cuando nosotros mismos nos vemos como inferiores, así nos verán los demás. De la misma manera, cuando confiamos en nosotros mismos, proyectamos esa autopercepción y logramos que los demás nos vean así.

Un cuento jasídico nos cuenta que un jasid – un hombre piadoso – vino a su Rebe para preguntar, para qué servían los espejos en la entrada del Mishkan, y al mismo tiempo pedirle, que invoque la bendición de Dios para él y su familia.

El Rebe le dijo que antes de rogar por la bendición divina, tendrá que estudiar y aprender algo.

-Jankele – dijo el Rebe, – pasa al lado de la ventana y mira afuera.

El jasid hizo lo que el Rebe le ordenó. Al pasar algunos minutos mirando para afuera, le dijo el Rebe:

-Jankele, cuéntame ¿qué ves?

-Veo a mucha gente, hombres, mujeres y niños, algunos bien vestidos, otros en harapos. Algunos están conversando, otros venden sus mercaderías, hay varias personas que hacen compras. Se desarrolla tranquilamente la vida cotidiana.

Entonces le dijo el Rebe: -Jankele, ven acá al lado del escritorio. Allí hay un espejo. Ponte frente a él y cuéntame, ¿qué ves?

-Lo único que veo es a mí mismo.

-Esta es la lección – dijo el Rebe. – Me gustaría que la aprendieras. La diferencia entre el vidrio y el espejo es: el vidrio deja ver a la gente, el espejo sólo a ti mismo. Quien mira sólo a sí mismo, piensa siempre en sí mismo; quien mira tras el vidrio, nota y percibe a los demás. Aprende a desprenderte de tu espejo y mira lo que pasa en el mundo.

El error de los espías no fue solamente dar un informe negativo de la Tierra, sino dejarse nublar por ese pensamiento negativo que tenían y no ver más allá. Se nublaron por el espejo y se veían a ellos mismos como seres inferiores, y no se tomaron el trabajo de hacer un reconocimiento real de la Tierra. No miraron por el vidrio y no se dieron cuenta de que de ellos dependía el destino de todo un Pueblo.

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Así mismo, muchas veces nos dejamos nublar por nuestro propio espejo, y no nos permitimos ver la vida desde diferentes puntos de vista. Solemos creer que no tenemos lo suficiente como para desempeñar ciertas labores. Creemos que todo puede con nosotros y que no valemos nada.

Además, con ese mismo pensamiento, creemos que las demás personas piensan de la misma manera. El autopercibirnos como insectos, nos lleva a perdernos de grandes oportunidades, solo porque no nos damos la oportunidad.

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Sin embargo, el vidrio, el espejo, y el episodio de los doce espías nos enseñan algo más. Así como no debemos vernos como seres inferiores, tampoco debemos creernos superiores.

En el mundo moderno nos venden la idea de que debemos pasar por encima de todos para lograr nuestras metas. En la actualidad, todo nos empuja a hacer hasta lo imposible con tal de conseguir nuestros objetivos. Para los negocios siempre está el que quiere ganar con sobornos. En los trabajos nunca falta el que se lleva el crédito de los demás solo para lograr mejores posiciones.

La invitación que nos hace este episodio de la parashá es a mejorar estos aspectos en nuestra vida. Si tenemos una actitud de inferioridad, debemos buscar la manera de cambiar esto. Debemos encontrar el modo de cambiar esa perspectiva que tenemos de nosotros mismos y volverla una actitud de amor propio y autoestima alta.

Por otro lado, si notamos que tenemos una actitud de soberbia y estima baja hacia las demás personas, debemos trabajar en esto y encontrar la manera de cambiar. Es necesario hacer un balance entre una actitud y otra. Así como no está bien autopercibirnos como insectos, tampoco está bien percibir a los demás de esta manera.

Por último, el solo pensar y tener ganas de cambiar, muchas veces no es suficiente. En la mayoría de ocasiones, la ayuda de un profesional es necesaria. No tengan miedo, pues Dios ha puesto todas las herramientas al alcance de la mano. Tomemos estas herramientas y trabajemos en nosotros mismos.

¡Shabat Shalom!

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