Javerim Javerot

Todos somos vulnerables

Una de las cosas en las que más nos debemos cuidar hoy es en la forma como nos dirigimos y tratamos a los demás, revisando cómo nuestras palabras pueden influenciar bajando o elevando la autoestima del prójimo.

Encontré algo que dice lo siguiente:

“No seas tan sincero. Cuando nuestra sinceridad es capaz de bajar una autoestima, mejor quedémonos en silencio. Cuando nuestra opinión es capaz de desmotivar alguien, mejor quedémonos en silencio. Cuando nuestra crítica constructiva es capaz de disminuir a alguien, mejor quedémonos en silencio. Porque verdades sin empatía y amor son conveniencias emocionales para satisfacer nuestro ego”.

Autor Desconocido

Todos somos vulnerables y estamos expuestos a recibir o hacer comentarios irrelevantes e irresponsables. Hay un dicho al respecto: “Las palabras descuidadas cuestan vidas”. Las palabras lastiman, así que tenemos que aspirar a mejorar la manera de expresarnos.

Te daré algunas ideas que pueden ayudar a transformar malos hábitos, mejorar la calidad de tus relaciones y la manera en que se focaliza tu vida. Estás son de lecturas que he hecho de Salo Michan sobre Lashón Hará.

1. Mira a los demás de manera positiva: Si piensas que los demás son amigables y considerados contigo, la mayoría de las personas te tratarán de esa manera. Si asumes que los demás siempre son egoístas y desconsiderados, te tratarán de acuerdo con ese pensamiento y recibirás exactamente lo que esperas. Existen muchas personas que te tratarán de mala manera sin importar cómo te relaciones con ellas. Otros actuaran como un reflejo de acuerdo al modo que eres con ellos. Tal como dijo el rey Shlomó: “Así como en el agua, un rostro refleja otro rostro; así también el corazón del hombre al hombre.” Mishle (Proverbios) 27:19.

Hay una historia que aclara esto:

“Un anciano estaba sentado en las afueras de la ciudad. Un hombre joven que se dirigía allí se acercó al anciano y le dijo:

—Estoy pensando mudarme a esta ciudad. ¿Podría decirme cómo son los residentes del lugar?

—¿Cómo son los habitantes del lugar donde tú vives ahora? —le preguntó el anciano.

—Esa es la razón por la cual quiero irme de ese maldito lugar —respondió el joven—. Son egoístas, distantes e indiferentes. Son desconsiderados y maleducados, y ya no aguanto más estar con ellos.

—Qué pena —le dijo el anciano—. La gente de este pueblo es exactamente como en tu propio pueblo. No vale la pena que te mudes aquí.

Unos pocos días después, otro hombre llegó al mismo camino y se acercó al anciano con la misma pregunta:

—¿Cómo es la gente de este pueblo? Estoy pensando en mudarme aquí.

—¿Cómo son los habitantes del lugar donde tú vives ahora? —le preguntó el anciano.

—Maravillosos —le respondió—. Prácticamente todos son amables conmigo. Los quiero profundamente. Pero me gusta tanto la gente que preferiría vivir en una ciudad más grande y por esa razón estoy pensando en mudarme.

—Eres muy afortunado —le dijo el anciano—. La gente en esta ciudad es exactamente como la de tu pueblo. Te gustará mucho vivir aquí. Fácilmente tendrás nuevos amigos y la gente te tratará de la misma manera como te tratan en tu pueblo”.

Cuando amas a los demás, ellos lo sienten y te tratarán con los mismos sentimientos positivos que tú tienes hacia ellos. La persona que ve a los demás de manera positiva se verá menos estimulada a decir cosas dolorosas.

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2. No digas nada a menos que estés seguro de que es cierto: Dicen que con el tiempo siempre se sabe la verdad. Pero aún así, para decir verdades también existen reglas. Recuerda: sabiduría y prudencia.

3. Aprende a guardar secretos: No divulgues lo más mínimo, pues estás contribuyendo a violar la confidencialidad, no debes traicionar la confianza que alguien depósito en ti.

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4. Di cosas de utilidad: ¿Lo qué vas a decir ayuda y anima, o destruye a alguien? “Que no salga de tú boca ninguna palabra mala, sino solo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan”. (Efesios 4:29).

5. Detente un momento a pensar: ¿Es necesario lo que vas a decir? ¿Qué van a ganar o perder los oyentes? ¿En qué se van a beneficiar o perjudicar si lo digo? No olvides que, en ocasiones, te arrepentirás mucho más de haber hablado que de haber callado. 

Nuestros sabios nos enseñan varios motivos por los cuales hablamos Lashón Hará y no es únicamente hablar mal de los demás, sino cualquier palabra inadecuada que sale de nuestra boca o aquello que está en nuestro interior y lo transmitimos por cualquier medio. He aquí algunas razones:

• Cada día nos comunicamos hablando o por redes sociales. Realmente es muy fácil caer en el pecado de hablar mal de los demás, contar algún chisme, herir a los demás con una palabra despectiva, compartir malas noticias, etc. Con esto contribuimos a un mundo negativo.

• Cuando hablamos mal de alguien, incluso una sola vez, aún sabiendo que estamos haciendo algo mal, nos acostumbramos a eso y seguimos hablando mal del prójimo.

• Por falta de conocimiento del tema. Muchos no conocen este tema con la profundidad necesaria y piensan que tienen derecho a hablar mal de cualquier personas o cosa.

¿Y tú en qué situación te encuentras? Es mejor ser útil para el Eterno y para los demás. Estudia sobre el cuidado de tu habla, conviértete en una persona confiable que proteja la vulnerabilidad de los demás y así también serás resguardado.

¡Shalom Ubrajot!

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